
que en los sueños es el loco.
El fin de un amor,
que también nos rompió el coco.
Sonrisa en mano y paso adelante,
al lagrimal, ni papel secante.
Las cosas simples se van, se van.
Y no te enojes, porque es verdad.
Un beso francés de romance clásico; un beso francés impulsivo, robado; un beso francés en Buenos Aires, o en Ushuaia; un beso francés que descubre el horror del amor; y mata fantasmas que no quieren irse; y recibe otros que van a quedarse. Ese que se pierde en el bosque, y detrás de la oreja de cualquier nube. El que roza los labios y la piel, y fertiliza el territorio haciéndolo suyo. Haciéndolo húmedo.

No entiendo bien lo que pasa,
nos dedicamos a una vida escasa.
Ahora que lo pienso,
tal vez está bien.
Y es solo esa la razón
de que me cause gracia.
Él sabe que hay piel,
y que pienso en él.
Creo que los dos sabemos
que tarde o temprano
estaremos enredados.
Pero relax...
disfrutemos el momento,
el ratito.
La tontería
de la complicidad.
La insignificancia
de estar juntos.
La risa del beso que no se da,
que no se dio.
El poco apuro.
¡Qué se yo!
Pedro aprueba el entusiasmo.
Y mientras él está en Ibiza
yo sigo acá, con mi risa.