Me pondré otro sombrero: ajeno.
Cambio de planes.
Así saldré hoy a la calle.
Un beso francés de romance clásico; un beso francés impulsivo, robado; un beso francés en Buenos Aires, o en Ushuaia; un beso francés que descubre el horror del amor; y mata fantasmas que no quieren irse; y recibe otros que van a quedarse. Ese que se pierde en el bosque, y detrás de la oreja de cualquier nube. El que roza los labios y la piel, y fertiliza el territorio haciéndolo suyo. Haciéndolo húmedo.
Hay un ciclo secular que terminó hoy,
No me irrites la piel, que me duele.
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Alcancé a pispearte de reojo, y estabas con los ojos cerrados. Recostado en la gramilla.
Pensando en nada, estabas distraído.
Pero yo te vi, y vi las estrellas estrellarse.
Fue todo un suceso, te cuento.
Lástima que te lo perdiste.
Seguro que no se vuelve a repetir.
Aunque como dijo Pe, a seguro se lo llevaron preso...
Clavame los colmillos en la yugular, dale.
La encierra entre las sábanas y se pierde completamente. El roce de la piel ajena y su pelo no la deja abrir los ojos.