lundi, juillet 11, 2005

Toque de queda

Con los cinco sentidos al filo, con el alma en el abismo, con las manos enredadas, con la luna a tus espaldas.


Una camisa holgada me hizo desplegar mis brazos hacia el abismo. Sensación despechada de idolatrada serenidad. Y liviandad. Tobillos flojos, el pelo revuelto, la piel sedosa, los dedos separados. Separada yo también, separada del suelo, sin cable a tierra, sin roce cansado de pies y piedras. Sin dolor, liviana y sonriente.

La humedad de un cuerpo de mujer me hizo perder la calma. Perderme con una camisa holgada pareció una buena idea, sentirme parte del aire, sentirme parte de todo y a la vez no sentir nada, eso es lo que elegí.

Buscaba siempre la vibra, lo que es inerte al olfato, lo que es insensible al tacto. Me reía tanto, me reía mucho. Soñé con la cara de un hombre que lloraba por mí. Soñé que lo rechazaba, esperando siempre un espécimen que jamás va a estar aquí. Desperté sonriendo y, sin embargo, volví a acostarme para seguir soñando.
No logro dar con tu voz, no logro encontrarme a mí misma en tus sueños. Y no logro unirme al suelo, tocar la tierra. Y soy feliz, de repente me doy cuenta que encontré lo que busqué por tanto tiempo. Solo quería ser feliz, ponerme mi camisa holgada y volar sobre el bosque, volar alrededor de mis sueños.

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